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Claves para lograr una gestión fitosanitaria del cultivo de sandía bajo plástico basada exclusivamente en el control biológico

Jun 28, 2021Agronegocios, Feedzy0 Comentarios

Ya hace años que el control biológico está bien implantado en buena parte de los cultivos hortícolas bajo plástico, formando parte importante de las estrategias de control de plagas dentro de los protocolos de gestión integrada. Esto es una realidad en cultivos de ciclo largo, sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en cultivos de primavera de ciclo corto como la sandía o el melón.
Mónica González Fernádez1, Estefanía Rodríguez Navarro2, David Erik Meca Abad1 y Esther Molina López3. 1Estación Experimental Cajamar. 2Centro Ifapa La Mojonera. 3Agricultora de la Cooperativa Coprohníjar.

En este tipo de cultivos el control biológico es una asignatura pendiente, pues al tratarse de cultivos cuya duración no va más a allá de los 4 meses, la mayor parte de los agricultores piensan que, o no es posible implementarlo, o no merece la pena hacerlo. En este sentido, existen una serie de falsos mitos relativos a la ineficacia del control biológico en los cultivos de primavera, que están impidiendo la adopción generalizada de estas estrategias.

Estas falsas creencias no tienen ninguna justificación ni base científica y, sin embargo, sí que tienen un fuerte impacto en el empeoramiento de las condiciones fitosanitarias de partida de los siguientes cultivos de otoño. Es una realidad que la práctica del control biológico implica que las poblaciones de insectos plaga son significativamente menores al final del cultivo que cuando se emplean productos fitosanitarios. En los últimos años, la producción de hortalizas es mucho más intensiva, prolongando mucho en el tiempo los ciclos de cultivo y dejando mucho menos tiempo de descanso entre ciclos, por lo que en este escenario se hace especialmente importante iniciar los cultivos con un buen el estado fitosanitario.

Para revertir esta situación y fomentar el empleo de enemigos naturales en los cultivos de primavera, desde la Interprofesional de Frutas y Hortalizas Hortyfruta se ha puesto en marcha la campaña I Love BichosBichos en primavera, cultivos de primera”, en la que se están divulgando una serie de videos cortos en los que mediante argumentos se desmontan estos falsos mitos y se anima a los agricultores a no olvidarse del control biológico en sus cultivos de primavera.

Pero quizás la mejor manera de alcanzar este objetivo sea escuchar testimonios de agricultores capaces de terminar con éxito sus cultivos de primavera prácticamente sin ningún tratamiento fitosanitario. Estos agricultores existen, son agricultores profesionales y son el ejemplo claro de que es viable el control biológico en cultivos de primavera. En este artículo, queremos describir las claves del éxito de Esther Molina López, agricultora a tiempo completo del campo de Níjar que, desde hace varios años ha ido aprendiendo a manejar sus cultivos de primavera basándose única y exclusivamente en el uso de enemigos naturales (foto superior). Para Esther Molina el manejo de la fauna auxiliar por supuesto no es más fácil, pero tampoco más difícil, requiere atención por parte del agricultor, dedicación y anticiparse a los problemas. Eso sí, para ella el resultado merece la pena 100%.

Claves de la gestión integrada de plagas

Trataremos de describir paso a paso cuáles son sus claves del éxito, organizando las tareas a realizar en base a los pilares fundamentales en los que se apoya la gestión integrada de plagas (GIP) (Orden de 15 de diciembre de 2015, BOJA 248) es decir, la prevención, el seguimiento o monitoreo y las medidas de control.

Antes de iniciar el cultivo es fundamental realizar una revisión del estado de las mallas antiinsecto previo al trasplante, así como de la estructura del invernadero para tapar rotos y agujeros en el plástico que eviten la entrada de plagas.

Tradicionalmente, las principales plagas de sandía siempre han sido mosca blanca (Bemisia tabaci) y trips (Frakliniella occidentalis), fundamentalmente, por ser vectores de virus, por lo que es muy importante aislar las plantas recién trasplantadas con manta térmica de 17 g/m2 colocada sobre las sandías como cubierta flotante durante 3-4 semanas en función de su fecha de trasplante. Con la colocación de la manta térmica además de su efecto como barrera física mejoramos las condiciones ambientales del cultivo en sus primeras fases de desarrollo.

Para el control de ambas plagas se emplean ácaros fitoseidos, pues se trata de un cultivo de ciclo muy corto y se requiere un rápido establecimiento de la fauna auxiliar, recomendándose hacer la introducción de los ácaros depredadores a granel al retirar la manta térmica. Hay que recordar que los enemigos naturales son organismos que se comercializan vivos, por lo que su liberación debe hacerse, en la medida de lo posible, o muy temprano o por la tarde, evitando los cambios bruscos de temperatura que pueden afectar a su supervivencia.  La dosis de suelta es de 75 individuos por m2. Si durante el ciclo de cultivo, al revisar las hojas de la sandía con un cuentahílos no se observan ácaros depredadores fácilmente, es el momento de reforzar las poblaciones y realizar otra suelta con las mismas dosis.

Actualmente, algunas empresas de fauna auxiliar han desarrollado estrategias de alimentación suplementaria que ayudan al rápido desarrollo de elevadas poblaciones de los ácaros fitoseidos en poco tiempo. Este alimento suplementario suelen ser ácaros presa (Carpoplyphus lactis) que se liberan al mismo tiempo que los ácaros de depredadores a granel, mezclando fitoseidos y su presa en una proporción 2:1, es decir mitad de presa que de fitoseidos. Generalmente se recomienda alimentar 1 o 2 veces a lo largo del cultivo. Para facilitar la tarea de alimentación artificial, estas empresas han implementado máquinas que ayudan a la liberación rápida y eficaz de los mismos, ahorrando mucho tiempo.

Otro aspecto básico para favorecer la eficiencia de estos ácaros, pero también de cualquier otro enemigo natural, es mantener una humedad relativa (HR) adecuada en el invernadero. En muchas ocasiones, una HR muy baja impide el establecimiento de la fauna auxiliar y por el contrario favorece mucho a los insectos plaga que se ven beneficiados por estas condiciones, como es el caso de la araña roja (Tetranychus urticae) por lo que su control resulta más complicado. Existen diversas soluciones para aumentar la HR en los invernaderos, y van desde lo más tecnificado a lo más sencillo, como humedecer el suelo a primera hora de la mañana o implementar pequeñas balsas a modo de charquillos. Estas sencillas soluciones pueden marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso del control biológico.

Pero quizás en los últimos años la plaga más temida y que más problemas genera, por el aumento explosivo de sus poblaciones en primavera y su difícil control son los pulgones, especialmente Aphis gossypii. Esta plaga acapara gran parte de las aplicaciones fitosanitarias en sandía, pues según muchos agricultores los enemigos naturales no son eficientes y llegan tarde. Es por ello que los agricultores suelen justificar el uso de productos fitosanitarios contra pulgones, que generalmente son poco compatibles con los ácaros fitoseidos, rompiendo todo el sistema establecido.

Para un control efectivo de los pulgones es imprescindible la prevención y la anticipación. La clave del éxito es favorecer la presencia temprana de poblaciones adecuadas y suficientes de los enemigos naturales de pulgón en el cultivo, mucho antes del trasplante de la sandía, de manera que, tanto parasitoides como depredadores, estén en disposición de ejercer un control efectivo de cualquier foco de pulgón que pueda aparecer a lo largo del ciclo.

Según palabras de Esther “el enemigo natural que controla tus plagas no es el que tu introduces, sino el que se cría en tu cultivo”. Para ello es imprescindible el establecimiento de diferentes infraestructuras ecológicas dentro del invernadero que van a favorecer el desarrollo de esta fauna auxiliar.

Plantas bánker

Foto 1.

En este sentido, es bien conocido el papel que tienen las plantas bánker de cereal para la introducción preventiva de parasitoides de pulgón, sin embargo, en un elevado porcentaje el manejo de las plantas bánker no es el adecuado. Por otra parte, para mejorar la eficacia de los enemigos naturales la introducción de alguna planta que sea capaz de ofrecer néctar y polen es también muy importante. En este caso, la tan de moda Lobularia maritima, es una excelente elección por su facilidad de manejo, su rápido crecimiento y su profusa y larga floración. Algunos trabajos están evidenciando el papel de esta planta en el cultivo como “planta trampa” de trips (Rodríguez et al., 2019).

Según la experiencia de Esther, para que las plantas reservorio sean efectivas es necesario sembrar, con suficiente antelación, un cordón de unos 60 cm de cereal puede ser cebada o trigo, a lo largo de todo el perímetro del invernadero, en las bandas de este, alternada con plantas de Lobularia maritima. Lo más recomendable es que esta banda perimetral de cereales y lobularia sea permanente, en la medida de lo posible, y se mantenga de un cultivo a otro y de una campaña a otra (foto 1). Para mantenerlo en el tiempo y en buen estado hay que segarlo regularmente, por ejemplo, cortando el cereal antes de que florezca, y la Lobularia maritima cuando comience a secarse las partes apicales.

Si este cordón ya lo tienes establecido con antelación no es necesaria su inoculación, en caso de que esté recién plantado, habría que inocularlo con los pulgones presa (Rhopalosiphum padi y Sitobium avenae), según se describe más adelante. Lo más recomendable es establecer estas bánker 3-4 semanas antes que el cultivo. Hay que tener en cuenta que se necesita riego, y que tardan en brotar unos 3 o 4 días.

Foto 2.

Además del cordón perimetral, antes del trasplante, es necesario sembrar Lobularia marítima al inicio de cada línea y establecer un cordón de cereal de unos 10 m cada 10 líneas de cultivo justo en el centro de la línea. Este cordón se irá ampliando hacia un extremo y otro mediante la siembra de cereal aproximadamente cada mes o mes y medio, en función de cómo se observe el estado de cada cordón, con el objetivo de ir renovando las plantas reservorio y manteniendo la producción de pulgón-presa (foto 2).

Normalmente, teniendo en cuenta que se trata de ciclos muy cortos, no suelen ser necesarias más de una o dos resiembras. Una vez emergido el cereal, y cuando ha alcanzado unos 10 cm de altura se ha de introducir el pulgón-presa. El objetivo es lograr una elevada infestación del pulgón en las bánker. Para ello son necesarias unas 20 macetas por hectárea, 3 o 4 por la línea de cereal. Esther corta las hojas de las macetas y las deja sobre cereal. El pulgón se suele encontrar en la parte más basal de las hojas, con esta técnica se asegura una buen infestación y distribución del pulgón. Otra opción podría ser “peinar” o sacudir la línea de cereal con las macetas.

Para lograr una distribución homogénea del pulgón en las bánker es recomendable dejar las macetas junto al cereal y trasladarlas a lo largo de la línea cada 2 días. Para conseguir una buena población inicial de pulgón presa es fundamental evitar al principio la depredación por tijeretas, pájaros, etc., o el parasitismo, para ello hay que aislar las líneas de cereal cubriéndolas con manta térmica, aproximadamente durante unas 2-3 semanas, revisando de vez en cuando la evolución, tanto de la planta como de los pulgones.

Fauna auxiliar

Cuando esté bien instalado el pulgón-presa, aproximadamente 2 semanas después de la infestación, se ha de introducir la fauna auxiliar. Se recomienda soltar Aphidius matricariae a una dosis de 0,25 ind/m2 y A. colemani, a una dosis de 0,15 ind/m2. También es imprescindible introducir depredadores, como Aphidoletes aphidimyza, especialmente interesante en presencia de hormigas. Aunque no es muy habitual la suelta preventiva de este enemigo natural, es interesante introducirlo poco a poco a dosis de 0,2 individuo m2 por semana durante 2 o 3 semanas. La presencia temprana de depredadores se puede reforzar con introducción preventiva de sírfidos afidófagos como Eupeodes corollae y Sphaerophoria rueppellii a razón de 1 bote de 100 pupas cada 4 semanas.

Foto 3.

Las sueltas de auxiliares se realizan en cajas de poliespan, que se colocan al abrigo de las lobularias que hay sembradas al inicio de cada línea (foto 3). En el caso de los sírfidos y parasitoides el bote se incrusta en la caja a modo de canal de salida. En el caso de los parasitoides cuyas momias son depredadas por hormigas las cajas pueden ponerse suspendidas. En el caso de los Aphidoletes las cajas se rellenan de turba o sustrato (3 o 4 cm) humedecidas, y se hacen varios agujeros en los laterales y tapa para facilitar su salida directamente. Para fomentar la correcta instalación de Aphidoletes es necesario dejar algo de suelo desnudo, si es que el suelo se tiene cubierto con plástico, por ejemplo, haciendo una raja al plástico, de manera que éste pueda cerrar su ciclo, pues este enemigo natural necesita pupar en el suelo.

En cuanto a las hormigas, es bien conocido que su presencia en los cultivos suele suponer un problema añadido en el manejo de plagas como el pulgón, pues actúan como buenas “ganaderas” protegiendo su rebaño y suelen interferir en el trabajo de los enemigos naturales. Su control es bastante complejo dependiendo de la especie de hormiga de la que se trate, y hay que ser consciente de que su total erradicación es imposible, por lo que lo más sensato es tratar de convivir con ellas en la medida de lo posible.

En este sentido, Esther ha aprendido a aliarse con ellas, y le resultan de gran utilidad para establecer y aumentar los pulgones presa en sus plantas bánker cuando aún no hay cultivo, ya que las hormigas “pastorean” los pulgones y se los distribuyen “gratuitamente” por todos los cordones de cereal. Además, una vez trasplantada la sandía, las hormigas le sirven de “chivato” para detectar los primeros focos de pulgón el cultivo, por eso Esther vigila su comportamiento y cuando observa que las hormigas se trasladan a las sandías es indicativo de la presencia del pulgón. De esta manera ella actúa de manera temprana y localizada en dichos focos, evitando su rápida propagación. Una vez superadas las primeras semanas de cultivo. Esther trata de “engañarlas” ofreciéndoles una fuente alternativa de azúcar, para ello les proporciona miel cada 3 días aproximadamente.

Seguimiento

Como ya se ha ido adelantando, el segundo aspecto relevante y clave en el éxito del control biológico en estos cultivos de primavera es el seguimiento de las poblaciones de plagas y la detección temprana y señalización de cualquier foco, tanto de pulgón como de araña roja. El objetivo es que estos focos primarios no se disparen, de manera que podamos hacer un refuerzo con la fauna auxiliar y no sea necesario el empleo de productos fitosanitarios.

En caso de aparición de algún foco de pulgón se deben reforzar las sueltas de parasitoides a razón de 0.5 ind/m2.  Sin embargo, Esther ha optado por aprovechar los enemigos naturales que se van estableciendo en su cultivo, y que para ella están totalmente adaptados a las condiciones de su invernadero. De esta manera, cuando ella observa que un foco de pulgón está completamente controlado, ha aprendido a capturar los parasitoides con un aspirador casero para trasladarlos directamente a focos de pulgón activos.

En el caso de que se detecten focos de araña roja, se debe pulverizar el foco con agua y luego se liberarán Phytoseiulus persimilis a razón de 4 ind/m2 en los focos detectados (Robledo y col., 2009), sin despreciar la contribución de Amblyseius swirskii para el control de araña roja si está bien establecido.

Control de enfermedades

Foto 4.

Pero para poder completar con éxito un cultivo de primavera con éxito no solo se debe estar pendiente de la evolución de las plagas el control de las enfermedades es igualmente importante en esta época, por lo que las medidas a tomar han de ser siempre compatibles con la presencia de la fauna auxiliar. El primer punto a tener en cuenta es tratar de mejorar en la medida de lo posible las condiciones ambientales del invernadero de manera que no sean propicias para el desarrollo de enfermedades. Por otra parte, el control, tanto de oídio como de botrytis, se debe basar en el empleo de productos formulados a base de Bacilllus o Trichodermas, sustituyendo el empleo de productos fitosanitarios. Así, para la prevención del oídio Esther se apoya en tratamientos con Bacillus amyloliquefaciens cada 10 días cuando se dan condiciones favorables.

Fomento de la biodiversidad

Por último, cabe señalar que, en los últimos años, desde Fundación Cajamar y el Ifapa se está haciendo un esfuerzo importante para poner de manifiesto la importancia de incrementar la biodiversidad funcional en el entorno de los invernaderos. El establecimiento de setos, debidamente diseñados, es un elemento determinante a tener en cuenta para la puesta en práctica de protocolos de gestión integrada de plagas. Esther fue pionera en establecer un seto de flora autóctona. Este seto de 5 años de edad se puede considerar un verdadero hábitat que le proporciona parte de las herramientas de control que entran en su invernadero para reforzar el trabajo de los auxiliares que cultivo tras cultivo se han de introducir dentro del invernadero. Pero para Esther este “seto grillero”, como ella le gusta llamarle, es la garantía de que va a contar con sus enemigos naturales a tiempo, reduciendo la presión de plagas fuera, pero también entrando dentro del invernadero cuando se les necesita (foto 4).

Referencias

BOJA número 248 de 24/12/2015 Junta de Andalucía. Orden de 15 de diciembre de 2015, por la que se aprueba el Reglamento Específico de Producción Integrada de cultivos hortícolas protegidos: tomate, pimiento, berenjena, judía, calabacín, pepino, melón y sandía
Rodríguez E., Robles-Vallet C., Téllez M.M., Foronda J., Ruano F., González M., Moreno-Rojas J.M. 2019. Viabilidad de los isótopos estables como técnica de marcaje de la Lobularia maritima (L.) en invernaderos. XI Congreso SEEA, Madrid, España, 4-9 noviembre 2019.
Robledo, A.; van der Blom, J.; Sánchez, J. A. y Torres, S. 2009. Control biológico en invernaderos hortícolas. Ed. Coexphal, Faeca. 176 p.

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